Don Cipriano Jimenez Galván era un ciudadano común y corriente hasta hace una semana cuando se ganó el título de "El Cocodrilo Dundee", tras capturar a un ejemplar tipo moreleti de casi tres metros y matarlo con sus propias manos.
Después de acecharlo durante más dos semanas e incluso faltar a su trabajo con el objetivo de capturarlo, Don Cipriano finalmente logró su cometido, pero le fue difícil someter al animal debido a su fuerza.
"Había que darse mañas, lo amarramos de la cola, lo amarramos de las patas, lo atirantamos, la amarramos después por atrás,” él contó como capturo al animal. “Entonces ya amarrado el hocico, ya bien seguros de que no nos quisiera averiar el animal, porque se revolcaba y se revolcaba."
El animal era grande y pesado, pero eso no lo intimido que y con mucho valor se aventurara a dominar al reptil en una batalla de la que resulto victorioso.
La carne del cocodrilo sirvió para alimentar no solo a Don Cipriano, sino también a los vecinos del sector, que en un principio lo tacharon de loco, por querer capturar al pesado ejemplar.
Aunque Don Cipriano sabe que su acción le puede acarrear consecuencias legales, eso parece no importarle, pues para el es preferible haberse desecho del cocodrilo, antes de que el animal atacara a un inocente.
"Para ellos es el peligro, eso es lo que deben de ver las autoridades, que estoy haciendo una obra perfecto, porque entonces van a ver ya la desgracia, chin nos hubiéramos avocado en agarrarlo, ya hubiera sido otra cosa, pero no," Don Cipriano agrego.
Ahora, la piel y cabeza del cocodrilo se ubican en la casa de Don Cipriano como el recuerdo de su hazaña, misma que el dijo que volvería a hacer si fuera necesario.
Tras matarlo, los mismos vecinos que en un inicio lo tacharon de loco por querer atrapar a un animal tan grande, le ayudaron a descuerar al cocodrilo para después comerlo.